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sábado, 11 de diciembre de 2010

Alarma con las abejas


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Alarma con las abejas

Pero no es porque nos ataquen, no. Se trata de la desaparición de más del 30 por 100 de esta especie, muchas veces sin que aparezcan sus cadáveres, en los últimos tres años en todo el mundo. Conscientes del grave problema que corrían las abejas, la Comisión Europea ha aprobado este lunes una iniciativa para proteger a estos insectos. Se pone en marcha un plan de vigilancia y se buscarán nuevos medicamentos especialmente diseñados para ellas, porque ahora los científicos ni siquiera saben la causa de esta muerte masiva de abejas.


Viven en la Tierra desde hace, por lo menos, 100 millones de años y han logrado colonizar todos los continentes, menos el Polo Sur. Hay más de 20.000 especies distintas de abejas y, a pesar de su pequeño tamaño, se encargan de un trabajo muy importante: transportan el polen de una flor a otra, lo que favorece la fertilización y que hace que la fruta crezca. Sin embargo, desde hace tres años, "son malos tiempos para las abejas". Primero, ocurrió en Estados Unidos (más exactamente en Florida), pero después el problema pasó también a Europa y el resto del mundo.


Más del 30 % de las abejas ha desaparecido en los últimos tres años y el término es muy exacto, porque, en muchos casos, ni siquiera aparece su "cadáver". Sólo en América del Norte más de 600.000 colmenas se han visto afectadas por este problema y en España, sin ir más lejos, en Galicia se han extinguido la mitad de estos insectos en apenas una década.


Comisión Europea

Comisión Europea


Y lo peor de todo: Todavía no se sabe la causa de este proceso de extinción a escala mundial. Algunos expertos hablan del impacto negativo de algún insecticida tóxico: éste podría haber causado daños neurológicos en las abejas y alterado su sentido de la orientación, lo que les impediría encontrar el camino para regresar a sus colmenas. Sin embargo otros científicos investigan el efecto de las radiaciones que emiten los teléfonos móviles e, incluso, hay quien le echa la culpa a los cultivos transgénicos.


Pero, al menos, en una cosa coincide...



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